Saludos Socialistas

El rincón del inconforme

jueves, 12 de noviembre de 2009

Universidad y Salamanca

Cuando alguien escucha la palabra Salamanca, el concepto de universidad llega a la mente casi al instante. No se puede negar que si algo tiene esta bella ciudad, además de un conjunto monumental de valor incalculable es su centenaria universidad. Además de un foco turístico, la ciudad es un centro de estudio internacionalmente reconocido. Gracias a esto, la depresión que sufre la zona a nivel europeo parece quedar eclipsada por el empuje que supone la USAL. Sin embargo, se plantean una serie de dudas sobre el concepto que tiene de ella, tanto su ayuntamiento, como la población en general. Al contrario de lo que sucede en la mayoría de las ciudades, la presencia de las facultades en el centro de la ciudad, junto a la catedral o la Clerecía, otorgan a los empresarios y pequeños autónomos de la zona histórica un importante impulso, desde los libros a los almuerzos matinales, pasando por las impresoras y todo tipo de negocios. Todo ello genera beneficios que repercuten de manera directa en la ciudad. Como dato, es importante hablar de que Salamanca cuenta con una población flotante universitaria de aproximadamente treinta y cinco mil alumnos si incluimos a la Universidad Pontificia, por no hablar de los estudiantes de E.S.O y Bachillerato. Todo esto, ha construido una economía local que se basa de manera radical en esa Salamanca estudiantil. De hecho, y si realizamos un pequeño cálculo a la baja, estableciendo un gasto mensual de quinientos euros mensuales por alumno, contando simplemente a los alumnos universitarios, tendríamos aproximadamente unos dieciocho millones de euros mensuales, que se convierten en los diez meses que dura actualmente el curso académico en ciento ochenta millones de euros. Esta cantidad, calculada muy a la baja, supondría que simplemente con los ingresos que se perciben de los estudiantes, se supera el presupuesto de la ciudad. Por lo tanto, parece que la reflexión nos lleva a declarar que la universidad definitivamente es un foco de ingresos bastante importante, por no decir definitivo ante la escasez de tejido industrial que tiene la ciudad.

Sin embargo, parece que hay un empeño por parte de las autoridades, y una dejadez por parte de la oposición de acabar con la gallina de los huevos de oro. La última noticia que hemos recibido, es la negativa del ayuntamiento a hacerse cargo de la Nochevieja universitaria. Algo que puede parecer contradictorio, ya que es una celebración que surgió espontáneamente hace ya más años de los que se cree, mucho antes de que adquiriera cierta fama nacional. Pero este hecho, no es más que la punta del iceberg. Las fiestas universitarias, que tanto problema generaban al parecer, además de considerables sumas para los hosteleros de la ciudad, acabaron por desaparecer, ante el miedo de que la juventud se convirtiera en carne de centros de desintoxicación. Como la presión, fue, ligeramente considerable, parece que aun a riesgo de acabar con cualquier tipo de actividad cerebral, el modelo acabó por cambiarse y ahora las fiestas en lugar de celebrarse en lugares alejados evitando las posibles molestias y consumiendo bebidas alcohólicas de manera más permisiva para los castigados bolsillos, se han cambiado a establecimientos privados, generando aun más beneficios para un determinado lobby, conocido como Asociación de Hosteleros. Tal vez habría que plantearse si el motivo es la salud, o el beneficio, puesto que sin centrarse en si la bebida es de calidad o no, la única verdad es que se sigue consumiendo alcohol. Simplemente las ganancias han cambiado de bolsillo.

Toda esta reflexión, tiene un único fin, aportar a los lectores, una perspectiva diferente. Salamanca debe valorar lo que tiene. Cada universitario no es sólo un negocio, es una inyección de salud para la ciudad. Actualmente hay más de ochenta universidades en el país, las posibilidades de elección aumentan, tanto la ciudad, con el ayuntamiento a la cabeza, como la USAL, deben entender que la vida universitaria es todo, no sólo las jornadas de estudio y las clases, también las fiestas forman parte de la cultura universitaria, al igual que las ferias lo son de los salmantinos.