Saludos Socialistas

El rincón del inconforme

domingo, 19 de abril de 2009

Perejil Periodístico

Tras el debate con el Rector de la Universidad de Salamanca, múltiples medios de comunicación salmantinos se han hecho eco del encuentro, con resultados no demasiado favorables para la posición crítica con el Proceso de Bolonia. No obstante me han causado especial estupor el artículo y la crónica del periodista Omar Castro publicado en el Adelanto el sábado 18 de Abril de 2009. En primer lugar, y apelando a la ética periodística, me resulta bastante frustrante que la mera crónica del acto deje entrever su repulsa con nuestra postura de manera calcada a la mostrada en su artículo de opinión firmado por el mismo unas páginas antes. Pero bueno, como no soy licenciado en periodismo y no conozco demasiado bien los intríngulis de la profesión será mejor que me reserve mi opinión, tal vez no sea la apropiada. En el mundo de la hostelería hay camareros y simples abrechapas, supongo que en el mundo de la prensa escrita también hay escritores y pulsateclas.
De la misma manera que Omar basó su muy respetable artículo de opinión en vaguedades como nuestra lucha intensa contra la empresa en lugar de, a mi entender, muchas de las diversas posiciones que se suscitaron en él, entre ellas, la reforma del CAP, la desvirtuación de los planes de estudio o las dificultades a la hora de compaginar estudio y trabajo con la nueva reforma, sin precedentes desde el S.XIII, yo, podría basarme en criticar la postura del Sr. Alonso, que con una retórica digna de su premio de mejor comunicador de Castilla y León esquivó una tras otra las preguntas que a mi juicio podían hacer peligrar sus férreos cimientos Pro-Bolonia. Pero no caeré en su juego, no merece la pena. No.
Basar su opinión en argumentos tan triviales como la idealización de las posturas de Estudiantes Contra Bolonia tal vez no sea demasiado justo. En primer lugar y situando el romanticismo del S. XIX sobre la mesa, los ideales son algo demasiado necesario como para dejarlo a un lado. No sé cuantos de mis compañeros serán hijos de Rockefeller o de Botín, ni siquiera cuantos querrán ser funcionarios, profesión bastante necesaria y respetable, por otro lado prefiero pensar que sus argumentos se encuentran perfectamente sopesados tras largas jornadas de estudio de los reales decretos y los nuevos grados. Claramente, lo fácil es negar todo esto y lanzarse a la crítica basada en argumentos más que cuestionables. En mi humilde opinión, considero que la participación de la empresa es necesaria tal y como está actualmente la financiación de la universidad. Con el 1,03% de PIB, la situación no está para tirar cohetes. Es bastante curioso observar como elegimos las universidades del Norte de Europa como modelo de educación, pero como modelo de financiación (que los escépticos vean los datos de Finlandia y su 6% del PIB para educación). Si una empresa ofrece 300.000 euros en becas, obteniendo por ello, además de publicidad y desgravaciones fiscales bastante suculentas, una tremenda satisfacción moral. Adelante, aceptémoslos y demos un impulso al estudio de varias decenas de universitarios. El problema se plantea cuando esa empresa condiciona la investigación con esas becas. Un comunicador como Omar Castro debería reconocer que es bastante posible que el mundo empresarial no piense demasiado en las humanidades, a menudo deficitarias, para adjudicar estas becas.
Pero yo veo un trasfondo un poco más profundo en todo esto. Tal vez, deberíamos mirar un poco más allá y no unificar las críticas en nuestro pié más débil, tal vez deberíamos retornar a ese tan criticado aspecto ideológico para reestructurar nuestras posturas. La Educación, al igual que la Sanidad, deben ser deficitarias y requieren un esfuerzo extra de las sociedades para poder alcanzar su plenitud. Me niego a la nueva concepción de la sociedad del conocimiento, la educación no debe ser un negocio. Al igual que ya cité en otro artículo, las necesidades del capitalismo no deben marcar la universidad del futuro, nuestro sistema es el que es y no nos queda por ahora otro remedio que bailar al son que marca, sin embargo, la única forma de cambiarlo es alcanzar la mirada crítica que se obtiene cuando se está hasta cierto punto apartado de él.
Nuestras críticas alcanzan aspectos como la pérdida del conocimiento, repasando el Grado de Historia se puede verificar la pérdida del estudio de periodos como el mesopotámico o el egipcio. Las posturas críticas con Bolonia no se basan en una crítica al necesario mundo empresarial como se ha querido hacer ver a los lectores. Aplaudimos la nueva reforma de la docencia, el aumento de la movilidad y la homologación de títulos pero no a cualquier precio. En la reforma de los planes de estudio, profesores e investigadores han contado con un papel muy importante, no tanto los alumnos, pero es difícil construir una casa por el tejado y aún más difícil es hacerlo con un cubo de playa y un poco de arena.